jueves, 5 de marzo de 2015


Como sobrevivir al cáncer por Lance Armstrong.[1]

Hace mas de dos años que Lance Armstrong aceptó públicamente a los medios que durante toda su carrera deportiva incluyendo las 7 veces que ganó el Tour de Francia se dopaba frecuentemente.  Alega que no hacía nada diferente de lo que hacían sus colegas de profesión, es decir que estaba en igualdad de condiciones frente a los demás competidores y por tanto no gozaba de ninguna ventaja.

En resumen aceptó que se metía en el cuerpo, todo lo habido y por haber para mejorar su desempeño físico:  EPO[2], testosterona, cortisona, hormona del crecimiento pasando por transfusiones de sangre, entre otras sustancias.  Todo por el deseo irrefrenable de ganar y seguir ganando, de cultivar su halo de invencibilidad, por el dinero y la vanidad de pertenecer a la elite del deporte internacional.

Pero este escrito no recabará en el decepcionante final de este ídolo del que hasta hoy se sigue hablando y no dejan de conocerse detalles de sus artimañas para hacerse a los títulos. Lo que aquí expondré es del único triunfo que seguramente Armstrong se ganó legítimamente y que nadie podrá nunca dejar en entredicho: derrotar al cáncer.

No es fácil encontrar un superviviente del cáncer como Armstrong quien ya casi alcanza 20 años desde el día que le fue diagnosticado cáncer testicular en fase 3 con amplia metástasis en los pulmones y cerebro. En la actualidad, la definición que se utiliza para los supervivientes de cáncer es “aquella persona que ha padecido un trastorno oncológico y lleva libre de tratamiento y de enfermedad un periodo mínimo de un año”.

Sin embargo, todos sabemos a partir de nuestra experiencia personal que conseguir un superviviente del cáncer de mas de 5 años lamentablemente no es muy común en nuestro entorno, ni que decir de los de 10 años o mas.

Por tanto, un caso como el de Armstrong es digno de enmarcar. No se puede desconocer que él tuvo a su disposición los mejores especialistas del mas alto nivel académico en USA y que las operaciones y el tratamiento a los que se sometió no tuvieron compás de espera, todo se hizo al término de la brevedad, sin embargo y con todo esto, la probabilidad de superar la enfermedad era de un 5 a 3% como finalmente le confesarían mucho tiempo los mismos especialistas.

Pienso que en este caso como en otros similares,  para vencer el cáncer no es suficiente la asistencia médica especializada pese a los avances que la oncología va alcanzando en el presente, hay otro elemento preponderante que definitivamente determina el éxito o fracaso de la intervención médica y marca la diferencia entre los que sobreviven y los que dejan esta vida, a saber ese diferenciador es el propio paciente.

A continuación detallo la estrategia de vida que Armstrong puso en práctica durante y después de su batalla contra la enfermedad. Es un conjunto de planes de acción que dejan ver que para L.A su competencia mas dura fue sin lugar a dudas ganarle el pulso al cáncer y por ello desarrolló todo un esquema de lucha sin dejar lugar a la improvisación o al azar.

Solo quien se ha enfrentado con el cáncer conoce el miedo en su manifestación mas cruda, todos los problemas a los que la persona se había enfrentado no son nada comparables con el diagnostico de un cáncer y como tal es un desafío que exigirá lo máximo de sí mismo en todos los sentidos: físico, emocional, espiritual, etc.

Siempre triunfante.

Después del impacto emocional del diagnóstico que es como un balonazo en la cara, un shock de tal magnitud que pareciera que “la sangre comenzara a fluir en dirección contraria” utilizando las palabras de Armstrong; viene poco a poco la calma y la intención de sobreponerse a la situación tan agobiante. Es entonces cuando toca decidir la actitud frente a la enfermedad: optimismo o derrota.  

Aunque la actitud positiva por sí sola no garantiza poder vencer el cáncer, si es imprescindible ser optimista para tener fuerzas y estar en condiciones de dar la lucha contra la enfermedad, en cambio el pesimismo por sí solo condena a la muerte irremediablemente ya que desde ese momento la persona se convierte en presa fácil incapaz de defenderse frente a la amenaza que le sobreviene.

El optimismo de Armstrong fue sui generis, es ese optimismo que nace prácticamente de la nada  que no se sustenta en una posibilidad real a favor, como quien juega una lotería. Cuando le extirparon el tumor del testículo y mientras él pensaba que sus desgracias estaban próximas a terminar su oncólogo el doctor Youman le dice: “tu cáncer testicular estaba en tercera fase, esto es, en el peor de los escenarios posibles, tienes tres tipos de cáncer en tu cuerpo, el mas maligno de los cuales es el coriocarcinoma, una variante muy agresiva que se transmite por el flujo sanguíneo y es muy difícil de detener”. 

De otra parte y para agravar las cosas, durante esos primeros días de tratamiento le notifican la desagradable sorpresa que el seguro no le iba a cubrir los gastos médicos del cáncer ya que éste había sido catalogado como una preexistencia y por tanto quedaba excluido automáticamente de su beneficio médico. Así que además de la zozobra por la evolución de la enfermedad se le suma la preocupación de cómo pagar las cuentas de su propio tratamiento.

Cabe aclarar que aunque Armstrong a sus 25 años era un ciclista profesional y tenía en su palmarés algunos títulos destacados, no era aún la figura célebre ni millonaria que algún día se habría de convertir, por ende pagar de su bolsillo el tratamiento era igual a un futuro lleno de privaciones en caso de sobrevivir. 

De igual forma, cuando una persona es diagnosticada con cáncer automáticamente empieza a pertenecer a una comunidad de lucha, dolor y sufrimiento donde cada victoria es celebrada como propia y cada muerte devasta incisivamente el alma. Precisamente Stacy Pounds, amiga cercana quien había acompañado a Armstrong desde el momento que se enteró de su enfermedad, moría de un cáncer incurable en tan solo tres meses desde que le fue dado el diagnóstico.

La experiencia del cáncer es también una sensibilización hacia todos aquellos que sufren la enfermedad; en las unidades oncológicas, en las sesiones de quimioterapia se encuentran niños, jóvenes, mujeres, dando una batalla literal de vida o muerte. Su aspecto habla por si solo de los estragos del cáncer y del propio tratamiento, son imágenes sacadas como de un campo de concentración que por el contrario antes de estimular termina doblegando el ánimo del que llega sea paciente o simple acompañante.

Para completar este sombrío panorama, los médicos le habían prevenido que si lograba sobrevivir a la enfermedad, era muy probable que terminara estéril producto de la quimioterapia, en ese momento Lance no estaba casado y mucho menos tenía hijos, apenas estaba comenzando a recibir los réditos de todo el esfuerzo y disciplina invertidos en el ciclismo y a nivel sentimental su estilo de vida aun no lo conducía a una relación estable idónea para ser un compromiso matrimonial.

Pero a pesar de todos estos elementos desalentadores, Armstrong ya había tomado la decisión de ganarle al cáncer antes de comenzar el primer round.  A todos les decía lo mismo: “voy a superar esto sea lo que sea”, “estoy decidido a luchar contra esta enfermedad y voy a ganar”, “el cáncer eligió al tío equivocado; cuando eligió un cuerpo donde vivir, cometió un gran error”.

Cuando las probabilidades que los especialistas le ofrecían no le favorecían, se aferraba a esas pocas posibilidades y creía, creía ciegamente en los médicos, en los tratamientos, en la cirugía, creía en todo eso y en lo que ellos hacían para salvarle la vida. Cuando veía que las personas a su lado desfallecían como su madre, su novia, sus amigos mas cercanos, él les salía adelante y se encargaba de inyectarles el ánimo que se había ido de sus caras: “tranquilos, voy a conseguirlo”, “Estoy listo para machacar esa cosa.  Estoy preparado para la operación. No me veréis en un rincón, con miedo a que me lleven al quirófano”.

Esa confianza mental que él transmitía en sus palabras al mismo tiempo se reflejaba en la forma de resolver uno a uno cada problema de modo práctico: por ejemplo, cuando se encontró sin el amparo del seguro médico, sin vacilar un instante vendió su mas apreciado bien, el auto deportivo que con tanto esfuerzo había adquirido, seguro que en sus circunstancias un Porsche último modelo guardado en un garaje, era muy poco lo que podía ayudarle a sobrevivir.

De otro parte, no conforme con la lastima hacia los enfermos de cáncer a quienes conoció de cerca y compartió de su sufrimiento y dolor, Armstrong decide crear la Fundación Livestrong, una organización benéfica de lucha contra el cáncer e instaurar la Vuelta de las  Rosas con el objetivo de recoger recursos de todos aquellos involucrados y participes del ciclismo profesional. Lance siempre considero a la Fundación la solución perfecta a esa especie de limbo en el que se encontraba él mismo después de salir de las quimioterapias y en espera de volver a reincorporarse a su vida normal.

Así mismo ante la gran posibilidad que las quimioterapias lo dejaran estéril, acudió a un banco de esperma justo antes de comenzar el tratamiento, con su confianza firme y absoluta en que la vida le daría la oportunidad de criar y ver crecer a esos hijos, aunque lo que se jugará en ese momento no era su posible descendencia sino la manera de mantenerlo con vida. Hoy Armstrong tiene cinco hijos en gran parte gracias a esa confianza indisoluble que lo caracteriza.

Otra de las características mas destacadas de Armstrong, sobretodo al afrontar el cáncer es que nunca catalogó una idea como absurda ni descabellada, para él todo era válido siempre y cuando hubiera una posibilidad, por muy remota que pareciera, de que repercutiera en la mejoría de su salud y bienestar. En el cáncer nada se debe descartar de primerazo, todo merece una evaluación de sus beneficios e inconvenientes ya que en un giro inesperado, estas ideas extraordinarias pueden convertirse en la única opción para seguir adelante.

 

Soy Lance Armstrong y tengo cáncer.

Armstrong nunca intentó mantener en secreto su enfermedad, desde el primer día del diagnóstico fue comunicando la noticia a todos sus familiares, conocidos y luego a la opinión pública en general. El día que le confirmaron el tumor testicular y las metástasis que había hecho en su cuerpo, decidió uno a uno llamar a sus familiares, amigos y personas cercanas a darles él mismo la noticia.

En las primeras llamadas a las personas mas queridas como su madre, su novia, su representante, no pudo reprimir el llanto, de hecho no fue capaz de decírselo a su madre directamente sino por medio de su médico de cabecera Rick Parker, quien lo había acompañado durante los chequeos y exámenes para diagnosticar la enfermedad.

Se pasó una tarde y una noche llamando a las personas a quienes él sabía que les podía interesar lo que estaba sucediendo en su vida, con cada llamada su explicación de la situación se volvió mas tranquila y serena y de esta forma fue asimilando paulatinamente su nueva condición, tomando conciencia que estaban por venir muchos cambios en su futuro y se debía preparar para ello.

A los tres días, convocó una rueda de prensa para comunicarlo a sus compañeros de equipo, a sus patrocinadores y al mundo en general.  Las manifestaciones de apoyo no se hicieron esperar, en adelante llegaron infinidad de cartas, correos, postales donde personas de todo el mundo le deseaban pronta mejoría y total recuperación. Armstrong trataba de leerlas y contestarlas todas con agradecimiento y entusiasmo.

Igual con las visitas, él mismo con ayuda de su madre organizó un calendario donde quedaba planeado el horario y número de visitas por día de tal manera que hasta el último día que estuviera en condiciones de recibirlas, nunca se sintiera solo y tampoco incomodo por la cantidad de gente aglomerada en una sola jornada.

El cáncer es un desafío sobrehumano del que se requiere todo el apoyo posible, vivirlo solo y en aislamiento es una opción pero quizás no sea la mejor alternativa; Armstrong a partir de su profesión como deportista sabía lo estimulante que puede ser el apoyo de la gente en las tribunas o a los costados de la carretera y para este trance de su vida, entiende que también puede ser una fuente de motivación adicional para él, la cual nunca estará de mas teniendo en cuenta lo prolongada, agotadora y desgarradora que es la lucha contra el cáncer.

 

Estudioso del cáncer

No hubo librería en Austin o material de internet sobre el cáncer testicular que Armstrong no devorara en su afán de conocer mas en detalle a lo que se enfrentaba e idear la forma de vencerlo: libros de dietas, libros de cómo superar la enfermedad desde el punto de vista emocional, guías para hacer meditación y yoga, artículos sobre los beneficios del aceite de linaza, investigaciones científicas sobre el polvo de soya considerado el remedio natural contra el cáncer, entre otra mucha bibliografía que absorbía con avidez.

Diseñó un calendario donde registraba el día a día de las quimioterapias, las horas y las dosis de los medicamentos para garantizar su administración con estricta puntualidad.  Así mismo, revisaba cada resultado de laboratorio que recibía para tratar de ser testigo directo de su evolución: del conteo de glóbulos rojos, los marcadores tumorales, las pruebas de rayos X; no tenía ningún inconveniente en llamar a su oncólogo de cabecera, a la hora que fuera, para que le explicara él mismo todo aquello que no lograba entender de sus muestras. De esta forma comenzó a comprender las clases de tumor, los medicamentos utilizados en sus propias quimioterapias, el régimen antiemético, etc. hasta el punto de saber de antemano lo que le iban a aplicar en cada jornada y prepararse para sus efectos posteriores.

Armstrong asumió el cáncer como una competencia extrema de ahí que cobrara tanta importancia el tema de las cifras, era su referente, la forma como él podía medirse y hacerse a una idea de cómo evolucionaba la enfermedad, en que medida necesitaba esforzarse mas. Desde el diagnóstico hasta el momento de detectar las lesiones cerebrales, menos de 15 días, los niveles de HCG[3] habían aumentado de 49.600 a 92.380, ahí supo que estaba realmente mal.

Pero en menos de tres semanas con mucha concentración y entregado de lleno al ciclo de quimioterapias había bajado de ese pico de 92.000 y se ubicaba en un victorioso 9.000, hecho que no dejaba de sorprender a los especialistas. Pero Armstrong siempre quería mas, nunca se conformaba con los pequeños triunfos y ésta no era la excepción, al final del tratamiento alcanzó los increíbles 96 de HCG, eso sí, totalmente exhausto, demacrado y pálido como si hubiera corrido la peor contrarreloj de su vida.

Dieta y Deporte

Una de las claves de la lucha contra el cáncer es sin lugar a dudas la revisión de los hábitos de vida: el sueño, el descanso,  la dieta, la actividad física se convierten en elementos esenciales dentro de un proceso de recuperación.  Precisamente en cuanto a la comida, Armstrong no dejando nada al azar seleccionó una lista de alimentos a partir de consultas y bibliografía especializada para definir la dieta que mas se adecuaba al tratamiento de quimioterapias.

El menú constaba básicamente de pollo de granja, brócoli, cero azúcar, nada de quesos ni otras grasas y mucha vitamina C para combatir las toxinas de las quimioterapias. Pero por encima de todo lo que mas le ayudaba a Armstrong era rodearse de las personas mas importantes de su vida, eliminar de su dieta diaria el mal genio, las preocupaciones rutinarias que componen la vida de todos los seres humanos, los disgustos innecesarios, etc. En su hogar había la paz y la calma necesaria para concentrar todos sus pensamientos y fuerzas para recobrar el estado de salud.  

Solo hasta cuando los efectos de la quimioterapia se lo impidieron, Armstrong siguió ejercitándose físicamente lo que incluía caminar por lo menos una hora al día y montar en bicicleta durante gran parte de la tarde en compañía de sus amigos. Para él seguir pedaleando la bicicleta significaba no sentirse enfermo. Asociaba el cáncer a una gran carrera ciclística donde la concentración y el esfuerzo son elementos imprescindibles para alcanzar la victoria. Seguir moviéndose significaba estar sano. “Muevete, si puedes moverte es que estás sano”.

Montado en la bicicleta podía sentir como de ninguna otra forma, los estragos de la enfermedad y lo duro que le golpeaba la quimioterapia. Varios días después de haber concluido el ciclo de quimioterapias y en contra de las recomendaciones médicas, salía en su bicicleta y a unos pocos metros se desplomaba, desvanecido en el mareo y la debilidad. Pero lo seguía intentando al día siguiente con una terquedad a prueba de suplicas.

Es que la bicicleta para Armstrong no era la simple forma de ganarse la vida, es lo que le ha dado y seguiría dando sentido a su existencia; separarse de ella lo dejaba a la deriva, desubicado, sin una herramienta valiosísima para seguir la lucha, sin un objetivo claro hacia donde invertir esa nueva oportunidad de vida.

 

La mejor lección de vida

A ciencia cierta no se sabe porque muchos sobrevivientes del cáncer sienten agradecimiento y satisfacción hacia algo que paradójicamente pudo haber acabado con su existencia. Quizás quien vive el cáncer como un desafío para acceder a una segunda vida, una completamente nueva y diferente, entiende que la enfermedad sobrevino para darnos un sentido mas amplio del mundo, de las cosas y de nosotros mismos.

Con la enfermedad se muere todo eso que sustenta aquella vida que nos condujo a conocer cara a cara el cáncer.  Todo aquello que le es imposible sobrevivir a un renacer, a una transformación radical de nuestra conciencia porque está encallado en la propia autodestrucción, en seguir una ruta que es contraria hacia la evolución de nuestro espíritu.

Así como el propio Armstrong lo resume en las siguientes frases:

“La enfermedad me humilló y me abrió los ojos, forzándome a analizar mi vida de una manera más objetiva”.

“La verdad es que el cáncer es lo mejor que me ha pasado nunca. No sé por qué incubé esa enfermedad, pero hizo maravillas en mi vida, y no me gustaría perderla de vista”.

“Cuando estaba enfermo fui testigo de más belleza, éxitos y verdades en un solo día de lo que había visto en cualquier carrera ciclística, pero se trataba de momentos humanos, no milagrosos”.

“Esa enfermedad me llevaría a examinarme mas como persona de lo que había hecho jamás, y adoptar en consecuencia una ética diferente”.

“Hasta que tuve cáncer no aprecié del todo como luchamos cada día contra los momentos malos de la vida, como combatimos día a día contra el oleaje de las críticas. El desaliento y la decepción esos son los verdaderos peligros de la vida, no una enfermedad inesperada…”.  

 “Empezaba a ver el cáncer como algo que tuve que padecer para beneficiar a otros”.

“El cáncer me estaba enseñando día tras día, a examinar a mis semejantes con mayor profundidad,  dejando atrás mis ideas preconcebidas”.

“El cáncer no tenía por qué ser una sentencia de muerte. Podría ser el camino hacia una nueva vida, una vida interior, una vida mejor”.

“Ahora sé que sobrevivir al cáncer implicaba algo mas que la convalecencia del cuerpo, porque la mente y el alma, también debían pasar por ese proceso”.

“La única cosa de la que me ha convencido la enfermedad, mas allá de toda duda, mas que todo lo que he vivido como atleta, es que somos mucho mejores de lo que pensamos. Disponemos de unas capacidades que no usamos, y que en ocasiones solo emergen cuando pasamos por una crisis”.

“Me mantengo firme en la creencia que el cáncer no es una forma de muerte. A mi me gusta redefinirlo: forma parte de la vida.”

 

El cambio de vida. 

La vida de Armstrong cambió en muchos sentidos después de afrontar el cáncer. Si no hubiera sido así entonces la enfermedad habría sido un episodio de dolor, sufrimiento y muerte. Solo los cambios y la transformación de la vida justifican que alguien sea merecedor de una segunda oportunidad, pero si se clama por un tiempo de mas para seguir haciendo exactamente lo mismo que nos condujo directamente al cáncer entonces esa suplica no tiene ningún sentido.

 A nivel profesional Armstrong se convirtió en un competidor distinto, dejó de ser el ciclista intrépido,  sin control de su fuerza y energía al punto de desbaratar su bicicleta, corriendo en competencias de un solo día, para pasar a ser el ciclista de ruta que siempre había deseado, entrando a la elite del ciclismo internacional compitiendo en carreras de tres semanas pedaleando durante 6 a 7 horas todos los días, andando por interminables llanuras o escalando laderas empinadas parado sobre los pedales en extenuantes jornadas.

En su vida sentimental el cambio fue más drástico aún: decidió sacar a Lisa de su vida, la novia que lo había acompañado paciente y constantemente durante toda la batalla contra el cáncer, alegando  que “el cáncer puede hacer dos cosas con una relación: o hace que sus miembros estén más unidos  o los separa y, en nuestro caso, nos separó”. 

Para Armstrong, en la relación con Lisa ya no había mas que ofrecer ni nada mas que esperar, solo agradecimiento invaluable, pero de eso no puede vivir una relación.  Algún tiempo después inicia una nueva relación que lo motiva de sobremanera a hacer cosas nuevas, cosas que hasta ese momento de su vida no había emprendido como viajar, casarse y posteriormente tener hijos.

No todo su actuar fue ejemplar después del cáncer, también hubo lapsus de vagancia y ocio dedicado a la bebida y al exceso de comida, con arrebatos inusitados de botar todo por la borda incluyendo el ciclismo con lo que ello implicaba para sí mismo, de añoranza por volver a los estudios y  en otros días con ganas de emplearse en cualquier oficio para ganarse tranquilamente su vida.

La supervivencia del cáncer no hace hombres perfectos, ni dioses, ni santos, prueba de ello es el propio Armstrong ganando siete títulos consecutivos haciendo doping, sin gesto alguno de arrepentimiento. Seguiremos siendo humanos antes y después del cáncer, cometiendo errores, quizá faltando a la ética o en el peor de los casos cometiendo delitos.

Vencer el cáncer nos hace mas fuertes, valientes y decididos, si esto se logra canalizar hacia fines dignos  estaremos evolucionando en la escala espiritual y acercándonos al verdadero sentido de nuestra venida a este mundo.

 

Manuel Arévalo González

Cel. 301 5098068

e-mail: psicoregeneración@gmail.com        Blog: psicoregeneracion.blogspot.com/.



[1] Toda la información de este artículo fue extraída del libro biográfico  Mi vuelta a la vida de Lance Armstrong y Sally Jenkins. Editorial Del nuevo extremo 2010.
[2]  Medicamento utilizado en pacientes con enfermedad renal crónica, como complemento para las diálisis y en los ciclos de quimioterapia.  Como método de dopaje ayuda a los deportistas a tener mayor resistencia al ejercicio físico.
 
[3] Gonadotrofina Coriónica Humana, hormona que estimula los ovarios en las mujeres y en los casos de cáncer testicular se convierte en un marcador tumoral bastante fiable.

No hay comentarios:

Publicar un comentario