Hace mas de dos años que Lance
Armstrong aceptó públicamente a los medios que durante toda su carrera
deportiva incluyendo las 7 veces que ganó el Tour de Francia se dopaba
frecuentemente. Alega que no hacía nada
diferente de lo que hacían sus colegas de profesión, es decir que estaba en
igualdad de condiciones frente a los demás competidores y por tanto no gozaba
de ninguna ventaja.
En resumen aceptó que se metía en
el cuerpo, todo lo habido y por haber para mejorar su desempeño físico: EPO[2],
testosterona, cortisona, hormona del crecimiento pasando por transfusiones de
sangre, entre otras sustancias. Todo por
el deseo irrefrenable de ganar y seguir ganando, de cultivar su halo de
invencibilidad, por el dinero y la vanidad de pertenecer a la elite del deporte
internacional.
Pero este escrito no recabará en
el decepcionante final de este ídolo del que hasta hoy se sigue hablando y no
dejan de conocerse detalles de sus artimañas para hacerse a los títulos. Lo que
aquí expondré es del único triunfo que seguramente Armstrong se ganó
legítimamente y que nadie podrá nunca dejar en entredicho: derrotar al cáncer.
No es fácil encontrar un
superviviente del cáncer como Armstrong quien ya casi alcanza 20 años desde el
día que le fue diagnosticado cáncer testicular en fase 3 con amplia metástasis
en los pulmones y cerebro. En la actualidad, la definición que se utiliza para
los supervivientes de cáncer es “aquella persona que ha padecido un trastorno
oncológico y lleva libre de tratamiento y de enfermedad un periodo mínimo de un
año”.
Sin embargo, todos sabemos a
partir de nuestra experiencia personal que conseguir un superviviente del
cáncer de mas de 5 años lamentablemente no es muy común en nuestro entorno, ni
que decir de los de 10 años o mas.
Por tanto, un caso como el de
Armstrong es digno de enmarcar. No se puede desconocer que él tuvo a su
disposición los mejores especialistas del mas alto nivel académico en USA y que
las operaciones y el tratamiento a los que se sometió no tuvieron compás de
espera, todo se hizo al término de la brevedad, sin embargo y con todo esto, la
probabilidad de superar la enfermedad era de un 5 a 3% como finalmente le
confesarían mucho tiempo los mismos especialistas.
Pienso que en este caso como en
otros similares, para vencer el cáncer
no es suficiente la asistencia médica especializada pese a los avances que la
oncología va alcanzando en el presente, hay otro elemento preponderante que
definitivamente determina el éxito o fracaso de la intervención médica y marca
la diferencia entre los que sobreviven y los que dejan esta vida, a saber ese
diferenciador es el propio paciente.
A continuación detallo la
estrategia de vida que Armstrong puso en práctica durante y después de su
batalla contra la enfermedad. Es un conjunto de planes de acción que dejan ver
que para L.A su competencia mas dura fue sin lugar a dudas ganarle el pulso al
cáncer y por ello desarrolló todo un esquema de lucha sin dejar lugar a la
improvisación o al azar.
Solo quien se ha enfrentado con
el cáncer conoce el miedo en su manifestación mas cruda, todos los problemas a
los que la persona se había enfrentado no son nada comparables con el
diagnostico de un cáncer y como tal es un desafío que exigirá lo máximo de sí
mismo en todos los sentidos: físico, emocional, espiritual, etc.
Siempre triunfante.
Después del impacto emocional del
diagnóstico que es como un balonazo en la
cara, un shock de tal magnitud que pareciera que “la sangre comenzara a fluir
en dirección contraria” utilizando las palabras de Armstrong; viene poco a poco
la calma y la intención de sobreponerse a la situación tan agobiante. Es
entonces cuando toca decidir la actitud frente a la enfermedad: optimismo o derrota.
Aunque la actitud positiva por sí
sola no garantiza poder vencer el cáncer, si es imprescindible ser optimista
para tener fuerzas y estar en condiciones de dar la lucha contra la enfermedad,
en cambio el pesimismo por sí solo condena a la muerte irremediablemente ya que
desde ese momento la persona se convierte en presa fácil incapaz de defenderse
frente a la amenaza que le sobreviene.
El optimismo de Armstrong fue sui
generis, es ese optimismo que nace prácticamente de la nada que no se sustenta en una posibilidad real a
favor, como quien juega una lotería. Cuando le extirparon el tumor del
testículo y mientras él pensaba que sus desgracias estaban próximas a terminar
su oncólogo el doctor Youman le dice: “tu cáncer testicular estaba en tercera
fase, esto es, en el peor de los escenarios posibles, tienes tres tipos de
cáncer en tu cuerpo, el mas maligno de los cuales es el coriocarcinoma, una
variante muy agresiva que se transmite por el flujo sanguíneo y es muy difícil
de detener”.
De otra parte y para agravar las cosas, durante esos
primeros días de tratamiento le notifican la desagradable sorpresa que el
seguro no le iba a cubrir los gastos médicos del cáncer ya que éste había sido
catalogado como una preexistencia y por tanto quedaba excluido automáticamente
de su beneficio médico. Así que además de la zozobra por la evolución de la
enfermedad se le suma la preocupación de cómo pagar las cuentas de su propio
tratamiento.
Cabe aclarar que aunque Armstrong
a sus 25 años era un ciclista profesional y tenía en su palmarés algunos
títulos destacados, no era aún la figura célebre ni millonaria que algún día se
habría de convertir, por ende pagar de su bolsillo el tratamiento era igual a
un futuro lleno de privaciones en caso de sobrevivir.
De igual forma, cuando una
persona es diagnosticada con cáncer automáticamente empieza a pertenecer a una
comunidad de lucha, dolor y sufrimiento donde cada victoria es celebrada como
propia y cada muerte devasta incisivamente el alma. Precisamente Stacy Pounds,
amiga cercana quien había acompañado a Armstrong desde el momento que se enteró
de su enfermedad, moría de un cáncer incurable en tan solo tres meses desde que
le fue dado el diagnóstico.
La experiencia del cáncer es
también una sensibilización hacia todos aquellos que sufren la enfermedad; en
las unidades oncológicas, en las sesiones de quimioterapia se encuentran niños,
jóvenes, mujeres, dando una batalla literal de vida o muerte. Su aspecto habla
por si solo de los estragos del cáncer y del propio tratamiento, son imágenes
sacadas como de un campo de concentración que por el contrario antes de
estimular termina doblegando el ánimo del que llega sea paciente o simple
acompañante.
Para completar este sombrío
panorama, los médicos le habían prevenido que si lograba sobrevivir a la
enfermedad, era muy probable que terminara estéril producto de la
quimioterapia, en ese momento Lance no estaba casado y mucho menos tenía hijos,
apenas estaba comenzando a recibir los réditos de todo el esfuerzo y disciplina
invertidos en el ciclismo y a nivel sentimental su estilo de vida aun no lo conducía
a una relación estable idónea para ser un compromiso matrimonial.
Pero a pesar de todos estos
elementos desalentadores, Armstrong ya había tomado la decisión de ganarle al
cáncer antes de comenzar el primer round.
A todos les decía lo mismo: “voy a superar esto sea lo que sea”, “estoy
decidido a luchar contra esta enfermedad y voy a ganar”, “el cáncer eligió al
tío equivocado; cuando eligió un cuerpo donde vivir, cometió un gran error”.
Cuando las probabilidades que los
especialistas le ofrecían no le favorecían, se aferraba a esas pocas
posibilidades y creía, creía ciegamente en los médicos, en los tratamientos, en
la cirugía, creía en todo eso y en lo que ellos hacían para salvarle la vida. Cuando
veía que las personas a su lado desfallecían como su madre, su novia, sus
amigos mas cercanos, él les salía adelante y se encargaba de inyectarles el
ánimo que se había ido de sus caras: “tranquilos, voy a conseguirlo”, “Estoy
listo para machacar esa cosa. Estoy preparado
para la operación. No me veréis en un rincón, con miedo a que me lleven al
quirófano”.
Esa confianza mental que él
transmitía en sus palabras al mismo tiempo se reflejaba en la forma de resolver
uno a uno cada problema de modo práctico: por ejemplo, cuando se encontró sin el
amparo del seguro médico, sin vacilar un instante vendió su mas apreciado bien,
el auto deportivo que con tanto esfuerzo había adquirido, seguro que en sus
circunstancias un Porsche último modelo guardado en un garaje, era muy poco lo
que podía ayudarle a sobrevivir.
De otro parte, no conforme con la
lastima hacia los enfermos de cáncer a quienes conoció de cerca y compartió de
su sufrimiento y dolor, Armstrong decide crear la Fundación Livestrong, una organización benéfica de
lucha contra el cáncer e instaurar la Vuelta
de las Rosas con el objetivo de
recoger recursos de todos aquellos involucrados y participes del ciclismo profesional.
Lance siempre considero a la Fundación la solución perfecta a esa especie de
limbo en el que se encontraba él mismo después de salir de las quimioterapias y
en espera de volver a reincorporarse a su vida normal.
Así mismo ante la gran
posibilidad que las quimioterapias lo dejaran estéril, acudió a un banco de
esperma justo antes de comenzar el tratamiento, con su confianza firme y
absoluta en que la vida le daría la oportunidad de criar y ver crecer a esos
hijos, aunque lo que se jugará en ese momento no era su posible descendencia
sino la manera de mantenerlo con vida. Hoy Armstrong tiene cinco hijos en gran
parte gracias a esa confianza indisoluble que lo caracteriza.
Otra de las características mas
destacadas de Armstrong, sobretodo al afrontar el cáncer es que nunca catalogó una
idea como absurda ni descabellada, para él todo era válido siempre y cuando hubiera
una posibilidad, por muy remota que pareciera, de que repercutiera en la
mejoría de su salud y bienestar. En el cáncer nada se debe descartar de
primerazo, todo merece una evaluación de sus beneficios e inconvenientes ya que
en un giro inesperado, estas ideas extraordinarias pueden convertirse en la
única opción para seguir adelante.
Soy Lance Armstrong y
tengo cáncer.
Armstrong nunca intentó mantener
en secreto su enfermedad, desde el primer día del diagnóstico fue comunicando
la noticia a todos sus familiares, conocidos y luego a la opinión pública en
general. El día que le confirmaron el tumor testicular y las metástasis que
había hecho en su cuerpo, decidió uno a uno llamar a sus familiares, amigos y
personas cercanas a darles él mismo la noticia.
En las primeras llamadas a las
personas mas queridas como su madre, su novia, su representante, no pudo
reprimir el llanto, de hecho no fue capaz de decírselo a su madre directamente
sino por medio de su médico de cabecera Rick Parker, quien lo había acompañado
durante los chequeos y exámenes para diagnosticar la enfermedad.
Se pasó una tarde y una noche
llamando a las personas a quienes él sabía que les podía interesar lo que
estaba sucediendo en su vida, con cada llamada su explicación de la situación
se volvió mas tranquila y serena y de esta forma fue asimilando paulatinamente
su nueva condición, tomando conciencia que estaban por venir muchos cambios en
su futuro y se debía preparar para ello.
A los tres días, convocó una
rueda de prensa para comunicarlo a sus compañeros de equipo, a sus
patrocinadores y al mundo en general.
Las manifestaciones de apoyo no se hicieron esperar, en adelante
llegaron infinidad de cartas, correos, postales donde personas de todo el mundo
le deseaban pronta mejoría y total recuperación. Armstrong trataba de leerlas y
contestarlas todas con agradecimiento y entusiasmo.
Igual con las visitas, él mismo
con ayuda de su madre organizó un calendario donde quedaba planeado el horario
y número de visitas por día de tal manera que hasta el último día que estuviera
en condiciones de recibirlas, nunca se sintiera solo y tampoco incomodo por la
cantidad de gente aglomerada en una sola jornada.
El cáncer es un desafío
sobrehumano del que se requiere todo el apoyo posible, vivirlo solo y en
aislamiento es una opción pero quizás no sea la mejor alternativa; Armstrong a
partir de su profesión como deportista sabía lo estimulante que puede ser el
apoyo de la gente en las tribunas o a los costados de la carretera y para este
trance de su vida, entiende que también puede ser una fuente de motivación
adicional para él, la cual nunca estará de mas teniendo en cuenta lo prolongada,
agotadora y desgarradora que es la lucha contra el cáncer.
Estudioso del cáncer
No hubo librería en Austin o
material de internet sobre el cáncer testicular que Armstrong no devorara en su
afán de conocer mas en detalle a lo que se enfrentaba e idear la forma de
vencerlo: libros de dietas, libros de cómo superar la enfermedad desde el punto
de vista emocional, guías para hacer meditación y yoga, artículos sobre los
beneficios del aceite de linaza, investigaciones científicas sobre el polvo de
soya considerado el remedio natural contra el cáncer, entre otra mucha
bibliografía que absorbía con avidez.
Diseñó un calendario donde
registraba el día a día de las quimioterapias, las horas y las dosis de los
medicamentos para garantizar su administración con estricta puntualidad. Así mismo, revisaba cada resultado de laboratorio
que recibía para tratar de ser testigo directo de su evolución: del conteo de
glóbulos rojos, los marcadores tumorales, las pruebas de rayos X; no tenía
ningún inconveniente en llamar a su oncólogo de cabecera, a la hora que fuera,
para que le explicara él mismo todo aquello que no lograba entender de sus
muestras. De esta forma comenzó a comprender las clases de tumor, los
medicamentos utilizados en sus propias quimioterapias, el régimen antiemético,
etc. hasta el punto de saber de antemano lo que le iban a aplicar en cada
jornada y prepararse para sus efectos posteriores.
Armstrong asumió el cáncer como
una competencia extrema de ahí que cobrara tanta importancia el tema de las
cifras, era su referente, la forma como él podía medirse y hacerse a una idea
de cómo evolucionaba la enfermedad, en que medida necesitaba esforzarse mas.
Desde el diagnóstico hasta el momento de detectar las lesiones cerebrales,
menos de 15 días, los niveles de HCG[3]
habían aumentado de 49.600 a 92.380, ahí supo que estaba realmente mal.
Pero en menos de tres semanas con
mucha concentración y entregado de lleno al ciclo de quimioterapias había
bajado de ese pico de 92.000 y se ubicaba en un victorioso 9.000, hecho que no
dejaba de sorprender a los especialistas. Pero Armstrong siempre quería mas,
nunca se conformaba con los pequeños triunfos y ésta no era la excepción, al
final del tratamiento alcanzó los increíbles 96 de HCG, eso sí, totalmente
exhausto, demacrado y pálido como si hubiera corrido la peor contrarreloj de su
vida.
Dieta y Deporte
Una de las claves de la lucha
contra el cáncer es sin lugar a dudas la revisión de los hábitos de vida: el
sueño, el descanso, la dieta, la
actividad física se convierten en elementos esenciales dentro de un proceso de
recuperación. Precisamente en cuanto a
la comida, Armstrong no dejando nada al azar seleccionó una lista de alimentos
a partir de consultas y bibliografía especializada para definir la dieta que
mas se adecuaba al tratamiento de quimioterapias.
El menú constaba básicamente de
pollo de granja, brócoli, cero azúcar, nada de quesos ni otras grasas y mucha
vitamina C para combatir las toxinas de las quimioterapias. Pero por encima de
todo lo que mas le ayudaba a Armstrong era rodearse de las personas mas
importantes de su vida, eliminar de su dieta diaria el mal genio, las
preocupaciones rutinarias que componen la vida de todos los seres humanos, los
disgustos innecesarios, etc. En su hogar había la paz y la calma necesaria para
concentrar todos sus pensamientos y fuerzas para recobrar el estado de salud.
Solo hasta cuando los efectos de
la quimioterapia se lo impidieron, Armstrong siguió ejercitándose físicamente
lo que incluía caminar por lo menos una hora al día y montar en bicicleta
durante gran parte de la tarde en compañía de sus amigos. Para él seguir pedaleando
la bicicleta significaba no sentirse enfermo. Asociaba el cáncer a una gran
carrera ciclística donde la concentración y el esfuerzo son elementos
imprescindibles para alcanzar la victoria. Seguir moviéndose significaba estar
sano. “Muevete, si puedes moverte es que estás sano”.
Montado en la bicicleta podía
sentir como de ninguna otra forma, los estragos de la enfermedad y lo duro que
le golpeaba la quimioterapia. Varios días después de haber concluido el ciclo
de quimioterapias y en contra de las recomendaciones médicas, salía en su
bicicleta y a unos pocos metros se desplomaba, desvanecido en el mareo y la
debilidad. Pero lo seguía intentando al día siguiente con una terquedad a
prueba de suplicas.
Es que la bicicleta para
Armstrong no era la simple forma de ganarse la vida, es lo que le ha dado y
seguiría dando sentido a su existencia; separarse de ella lo dejaba a la
deriva, desubicado, sin una herramienta valiosísima para seguir la lucha, sin
un objetivo claro hacia donde invertir esa nueva oportunidad de vida.
La mejor lección de
vida
A ciencia cierta no se sabe
porque muchos sobrevivientes del cáncer sienten agradecimiento y satisfacción
hacia algo que paradójicamente pudo haber acabado con su existencia. Quizás
quien vive el cáncer como un desafío para acceder a una segunda vida, una
completamente nueva y diferente, entiende que la enfermedad sobrevino para
darnos un sentido mas amplio del mundo, de las cosas y de nosotros mismos.
Con la enfermedad se muere todo
eso que sustenta aquella vida que nos condujo a conocer cara a cara el
cáncer. Todo aquello que le es imposible
sobrevivir a un renacer, a una transformación radical de nuestra conciencia
porque está encallado en la propia autodestrucción, en seguir una ruta que es
contraria hacia la evolución de nuestro espíritu.
Así como el propio Armstrong lo resume en las siguientes
frases:
“La enfermedad me humilló y me
abrió los ojos, forzándome a analizar mi vida de una manera más objetiva”.
“La verdad es que el cáncer es lo
mejor que me ha pasado nunca. No sé por qué incubé esa enfermedad, pero hizo
maravillas en mi vida, y no me gustaría perderla de vista”.
“Cuando estaba enfermo fui
testigo de más belleza, éxitos y verdades en un solo día de lo que había visto
en cualquier carrera ciclística, pero se trataba de momentos humanos, no
milagrosos”.
“Esa enfermedad me llevaría a
examinarme mas como persona de lo que había hecho jamás, y adoptar en
consecuencia una ética diferente”.
“Hasta que tuve cáncer no aprecié
del todo como luchamos cada día contra los momentos malos de la vida, como
combatimos día a día contra el oleaje de las críticas. El desaliento y la
decepción esos son los verdaderos peligros de la vida, no una enfermedad
inesperada…”.
“Empezaba a ver el cáncer como algo que tuve
que padecer para beneficiar a otros”.
“El cáncer me estaba enseñando
día tras día, a examinar a mis semejantes con mayor profundidad, dejando atrás mis ideas preconcebidas”.
“El cáncer no tenía por qué ser
una sentencia de muerte. Podría ser el camino hacia una nueva vida, una vida
interior, una vida mejor”.
“Ahora sé que sobrevivir al
cáncer implicaba algo mas que la convalecencia del cuerpo, porque la mente y el
alma, también debían pasar por ese proceso”.
“La única cosa de la que me ha
convencido la enfermedad, mas allá de toda duda, mas que todo lo que he vivido
como atleta, es que somos mucho mejores de lo que pensamos. Disponemos de unas
capacidades que no usamos, y que en ocasiones solo emergen cuando pasamos por
una crisis”.
“Me mantengo firme en la creencia
que el cáncer no es una forma de muerte. A mi me gusta redefinirlo: forma parte
de la vida.”
El cambio de vida.
La vida de Armstrong cambió en
muchos sentidos después de afrontar el cáncer. Si no hubiera sido así entonces
la enfermedad habría sido un episodio de dolor, sufrimiento y muerte. Solo los
cambios y la transformación de la vida justifican que alguien sea merecedor de
una segunda oportunidad, pero si se clama por un tiempo de mas para seguir haciendo exactamente lo mismo que nos
condujo directamente al cáncer entonces esa suplica no tiene ningún sentido.
A nivel profesional Armstrong se convirtió en
un competidor distinto, dejó de ser el ciclista intrépido, sin control de su fuerza y energía al punto
de desbaratar su bicicleta, corriendo en competencias de un solo día, para
pasar a ser el ciclista de ruta que siempre había deseado, entrando a la elite
del ciclismo internacional compitiendo en carreras de tres semanas pedaleando
durante 6 a 7 horas todos los días, andando por interminables llanuras o escalando
laderas empinadas parado sobre los pedales en extenuantes jornadas.
En su vida sentimental el cambio
fue más drástico aún: decidió sacar a Lisa de su vida, la novia que lo había acompañado
paciente y constantemente durante toda la batalla contra el cáncer, alegando que “el cáncer puede hacer dos cosas con una
relación: o hace que sus miembros estén más unidos o los separa y, en nuestro caso, nos separó”.
Para Armstrong, en la relación
con Lisa ya no había mas que ofrecer ni nada mas que esperar, solo
agradecimiento invaluable, pero de eso no puede vivir una relación. Algún tiempo después inicia una nueva
relación que lo motiva de sobremanera a hacer cosas nuevas, cosas que hasta ese
momento de su vida no había emprendido como viajar, casarse y posteriormente tener
hijos.
No todo su actuar fue ejemplar
después del cáncer, también hubo lapsus de vagancia y ocio dedicado a la bebida
y al exceso de comida, con arrebatos inusitados de botar todo por la borda
incluyendo el ciclismo con lo que ello implicaba para sí mismo, de añoranza por
volver a los estudios y en otros días con
ganas de emplearse en cualquier oficio para ganarse tranquilamente su vida.
La supervivencia del cáncer no
hace hombres perfectos, ni dioses, ni santos, prueba de ello es el propio Armstrong
ganando siete títulos consecutivos haciendo doping, sin gesto alguno de arrepentimiento.
Seguiremos siendo humanos antes y después del cáncer, cometiendo errores, quizá
faltando a la ética o en el peor de los casos cometiendo delitos.
Vencer el cáncer nos hace mas fuertes, valientes y
decididos, si esto se logra canalizar hacia fines dignos estaremos evolucionando en la escala
espiritual y acercándonos al verdadero sentido de nuestra venida a este mundo.
Manuel Arévalo González
Cel. 301
5098068
[1]
Toda la información de este artículo fue extraída del libro biográfico Mi vuelta a la vida de Lance Armstrong y
Sally Jenkins. Editorial Del nuevo extremo 2010.
[2] Medicamento utilizado en pacientes con
enfermedad renal crónica, como complemento para las diálisis y en los ciclos de
quimioterapia. Como método de dopaje
ayuda a los deportistas a tener mayor resistencia al ejercicio físico.
[3]
Gonadotrofina Coriónica Humana, hormona que estimula los ovarios en las mujeres
y en los casos de cáncer testicular se convierte en un marcador tumoral
bastante fiable.
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